miércoles, 30 de septiembre de 2015

La calidad de los pensamientos

http://www.lainformacion.com.do/noticias/tendencias/49287/la-calidad-de-los-pensamientos


Hablando en silencio ,mi columna de hoy en el periódico la información 

Podemos  construir un jardín florido y abundante, lleno de flores de distintos colores y tamaños, a través de pensamientos positivos o por el contrario dejar que se filtren pensamientos inútiles y negativos, crecen y se reproducen en ese jardín malezas como: angustia, enojo, ira, rencor, frustración,  que atraerán desarmonía e insatisfacción.
   Una mente en su estado natural es pacífica, y una mente pacífica nos da claridad. Cuando vemos la vida con claridad no hay desgaste, porque nuestra mente se vuelve liviana, no se alimenta de pensamientos innecesarios, agobiante. La mayor enfermedad de la mente es pensar en exceso, especialmente pensar demasiado en lo que hicimos, dejamos de hacer o en lo que quisiéramos estar haciendo. Todo esto perturba la serenidad propia de la mente. Pensar demasiado es como comer demasiado: la pesadez nos impide mantenernos ligeros y flexibles.
  La calidad de los pensamientos va creando una actitud anímica conforme a dichos pensamientos. Y la actitud anímica genera un estado orgánico semejante, para bien o para mal.
   El organismo no se envenena sólo por las toxinas que se ingieren sino también por la calidad de los pensamientos que albergamos en nuestra mente y los sentimientos que  se anidan en nuestro corazón. Es necesario higienizar la mente.
   Pensemos con calidad para que el  flujo de la vida no sea otra cosa que la interacción armoniosa de todos los elementos y las fuerzas que estructuran el campo de la existencia, y esta interacción se traduce en calidad  de  sentimientos
  Cuando mantenemos un pensamiento durante un tiempo, éste se transmite al Universo. Ese pensamiento se adhiere magnéticamente a la frecuencia de lo semejante y en cuestión de segundos devuelve la lectura de esa frecuencia a través de las emociones que sentimos. Dicho de otro modo, el Universo se comunica contigo a través de tus sentimientos para decirte en qué frecuencia te encuentras en este momento.
  Saber reconocer nuestros pensamientos  es la base de nuestra capacidad para dar y recibir. Ser consciente de cómo nos sentimos y sintonizar con esos sentimientos, es la forma más rápida de saber lo que estamos pensando y queremos.
Recuerda  que la “la combinación del pensamiento y el amor es lo que crea la irresistible fuerza de la ley de la atracción”.
Crea tu realidad, empieza ahora a sentirte una persona de sentimientos sanos  y la  prosperidad la vera como cuando más da.  

domingo, 27 de septiembre de 2015

El alma sana




 Con el paso de los años he comprendido el significado de  cada frase que mi padre nos decía, ayer fueron consejos, con el tiempo me parecieron sabias… hoy comprendo que mi padre era un estudioso, reflexivo, crítico de la realidad, con una capacidad de razonamiento asombrosa, quizá aun más lejos, un ser de luz; recuerdo esta frase: "Sólo hay una manera de terminar con lo malo y es: no hacerle lo malo  a nadie, asi te lo hagan a ti "
   Cuan sabia reflexión!  aquellas  palabras sueltas, entrecortadas que siempre ponía de ejemplo para formarnos con valores y principios ejemplarizador. Hoy al leer este pensamiento de Liev Nikoláievich Tolstói, novelista ruso, profundo pensador social y moral que dice: “Sólo hay una manera de poner término al mal, y es el devolver bien por mal".
   Qué parecidas son! es como si mi padre la hubiese leído, pero estoy segura que jamás lo hizo, porque aprendió en la escuela sólo a leer, sumar, multiplicar y restar, ya que no existía ninguna otra posibilidad de alcanzar otro grado en aquel lejano espacio del universo, donde las posibilidades de tener un libro en sus manos era una odisea por no decir imposible.

   No todos tenemos el privilegio de tener en la vida un filtro poderoso que nos ayude a rechazar lo malo y a no devolverlo; él fue mi filtro, él me regaló su sabiduría, esa que me formó para entender que jamás debo usar mi alma para venganzas, envidia, traición en contra de mis congéneres, sólo tratar de dar sin esperar nada en retorno.

  Cuando perdono, lo hago con todo mi ser y en vez de venganza regalo segundas oportunidades, porque  decidí que lo bueno debe habitar en mi corazón, aprendí a tratar con esmero el huésped más distinguido que vivirá por siempre en mi casa interior “el alma sana” , los pensamientos positivos ,tratando todos los días de no dejar colar los pensamientos tóxicos.
  Naturalmente cada quien tiene derecho a elegir qué hacer cuando es lastimado, pero yo decidí seguir las enseñanzas de mi padre y la fe en el amor de Dios. Porque la única manera de NO hacer mal, es retratando el alma y mirar sus orificios para sellarlos con el bien que emana de aquellas enseñanzas, de aquellos valores familiares  estampados de generación en generación. Los invito hacer lo mismo y a multiplicarlo en su familia, quién sabe si salpicamos a alguien más con algunos de ellos.

  En la vida hay que tener propósitos y uno de ellos ha sido contribuir a que alguien más tenga paz o se sienta feliz. Para sintonizar con la humanidad que aún confía que se puede lograr un universo de equidad, para danzar al ritmo del sonido que trae el bien y rechazar el mal cuando llega con su careta puesta. Y caminar en la tierra de manera liviana, sin cargar la mochila  de éxitos, fama, poder y dinero comprado con categoría de primera como acostumbra a etiquetar la sociedad… al contrario prefiero me condenen a ciudadana de segunda categoría porque le hice caso a  mi padre, y no estar en primera clase  cuando al final del camino  lo único  que vale es lo que nunca podremos comprar con dinero. No esperemos un sacudión  de  conciencia, seamos filtro de vida para futuras generaciones.

jueves, 10 de septiembre de 2015

La Lealtad, un valor que vamos perdiendo

La Lealtad es un valor que debemos desarrollar en nuestro interior y tener conciencia de lo que hacemos y decimos. Es corresponder, a una obligación que se debe tener con los demás, Es un compromiso de defender lo que creemos; y en quienes creemos, si no cumplimos con ese debido, nos quedamos solos.
  
 Porque la lealtad significa fidelidad, franqueza, nobleza, honradez, sinceridad y rectitud. Cuando somos leales, logramos llevar una relación a algo serio y profundo; Si actuamos con la verdad por delante.
    
La lealtad es el valor, la virtud más admirable, y la deslealtad es la falla humana que más tristeza provoca. Si una enfermedad no se cura, si una simple comida no tiene el sabor esperado,  si una persona nos deja esperando, causan desilusión, desencanto.
  
Pero la deslealtad, cuando alguien en quien confiamos nos hace trampa, nos engaña, nos traiciona, saca provecho de nosotros, entonces la frustración, el enojo que puede llegar a la rabia que esa deslealtad nos causa es la mayor desilusión humana: "confié en ti y me fallaste".



Cuando damos lealtad y la esperamos en reciprocidad, basamos todo en la confianza, que como dice un viejo principio, tan difícil es de ganar, tan fácil de perder y tanto más difícil de recuperar. No ganemos la desconfianza de nuestro prójimo, de nuestra familia, de nuestros amigos, de nuestros compañeros, de nuestros asociados en la empresa o labor que sea, seamos leales.
 
 Hay que ser leales (cumplidos) en todo, para conservar la confianza y el respeto (y hasta admiración, si se quiere) de los demás. Debemos llevar la lealtad a los detalles pequeños, ya que quien es leal en lo poco lo será en lo mucho; si nos permitimos pequeñas debilidades de fallarle a los amigos, poco a poco nos iremos "justificando", con la excusa que sea, fallas e infidelidades más grandes, con las mayores traiciones a la vuelta de la esquina.
 
 Quien es leal, cumple sus compromisos con todos en la vida real; no es asunto de discurso "bonito" o de frases petulantes. En los hechos vitales, o se es leal o no se es, no hay términos medios; por eso Cristo nos dice a sus seguidores: "el que no está conmigo está contra mí". Moralmente hablando no existe la neutralidad.

 Lealtad en los compromisos, es la base para no caer en la debilidad de pasar de la pequeña traición a la grande. Si me permito pequeñas fallas de lealtad y soy consciente de ello, y de cómo voy traicionando la confianza ajena de menos a más, termino por devaluarme y desconfiar de mí mismo/a.